Herramientas robadas por los Profesores de Teatro de los jardines de D. Winnicott

( Compilación y reflexión realizada por el Prof. Marcelo Mainini).

Salvedad: Lo redactado es responsabilidad de lecturas, recortes, reflexiones y mezclas realizadas bajo la responsabilidad exclusiva del compilador. Algunas retoman conceptos pero de ningún modo intentan hacer decir al maestro Winnicott conjeturas propias de la interacción con algunas de sus producciones. No obstante la mayoría de lo extractado(se aclaran citas textuales) surge de su obra “Realidad y Juego”.Gedisa 1.986.
En definitiva una invitación a jugar.

Breve Biografía: ( fuente: página Web oficial)
DONALD WOODS WINNICOTT(1896-1971)
Donald Woods Winnicott nació en una familia clase media próspera en Plymouth, Inglaterra, en 1896.Comenzó sus estudios de Medicina en Cambridge, pero desistió de su objetivo de dedicarse a la cirugía cuando ejerció como practicante en un buque destructor británico, durante la Primera Guerra Mundial. Completó sus estudios médicos en 1920. En 1923, el año en que contrajo su primer matrimonio, obtuvo un cargo como médico en el Hospital Paddington Green Children, en Londres. También, en ese mismo año 1923, Winnicott comenzó su análisis personal con Dr. James Strachey, traductor oficial al inglés de las obras completas de Sigmund Freud. En 1927, Winnicott fue aceptado para comenzar su formación analítica en la Sociedad Psicoanalítica Británica. Formación que finalizó en 1934 como analista de adultos y en 1935 como analista de niños. Winnicott continuó trabajando en el Hospital de Niños como pediatra, por lo que tiempo después comentara que » en ese momento ningún otro analista era también pediatra, por lo que durante dos o tres décadas yo era considerado un fenómeno aislado». El tratamiento de niños, psíquicamente perturbados, y de sus madres le brindó la experiencia clínico-teórica, con la que después construiría sus teorías más originales. El corto tiempo que dedicaba a estas consultas lo condujo a la teorización y desarrollo acerca de sus conocidas «consultas terapéuticas». Consultas que se constituyeron en importantes aportes a las innovaciones clínicas.Para Winnicott, los años transcurridos durante la Guerra, fueron de una particular importancia ya que le brindaron oportunidad de trabajar con niños, profundamente perturbados, por haber sido víctimas de una separación familiar al ser evacuados tanto de Londres como de otras importantes ciudades de Gran Bretaña. Su experiencia como consultor psiquiátrico en el área del «Esquema de Evacuación Gubernamental» le proporcionó un ímpetu nuevo sobre su pensamiento acerca de la importancia del rol de la madre en la constitución psíquica del niño. Además continuó trabajando en el Paddington Green Children’s Hospital durante los años 60. Fue también Miembro de la UNESCO y coordinador de varios Grupos de Estudio así como un prolífico autor de textos específicos, disertante permanente de conferencias, así como un infatigable trabajador en su práctica privada.
Si bien muchos de sus aportes fueron realizados en el orden de lo terapéutico, la teoría de éste maestro tuvo la amplitud de brindar su visión con mayor vuelo en el conocimiento del hacer cultural del hombre. Winnicott falleció en 1971, a causa de una coronariopatía de la que venía padeciendo desde bastante tiempo atrás. Sus restos fueron incinerados y descansan en Londres.
«El mundo resulta importante y satisfactorio, para cada individuo, si crece a partir de la calle en que está su casa o del patio de atrás…» (D.W. Winnicott)
Teatro para vivir
El teatro, como toda producción artística, forma parte del sentido vital del hombre por comprender sus realidades. Por ingresar al mundo de lo simbólico y enriquecer sus posibilidades de reinvención del mundo. La creación, puede entenderse de éste modo como intrínseca a la aventura cultural del desarrollo humano.
A partir de éste concepto puede comprenderse al teatro desde una vision más amplia que el mero espectáculo al que lo ha relegado la modernidad, confinandolo a determinados espacios, a determinados actores sociales, a determinados tiempos.
Este aporte pretende abordar el sentido más amplio de la creación y los aportes que realizó D. W. Winnicott a su comprensión, para pensar luego el hacer y la enseñanza teatral en los procesos vinculados con una mayor posibilidad de libertad de las personas en la vida de todos los días.
Pequeña Caja de Herramientas.
La creación es parte de lo cotidiano y toda construcción es creación. La salud es desde este punto de vista nada menos que la capacidad de sentirnos reales. Vivimos en forma creadora, pero esto solo es posible si tenemos la capacidad de crear como acto cotidiano. En ultima instancia la capacidad para aceptar la ausencia y encontrar creativamente un producto de la acción humana que nos consuele, nos alegre y nos divierta. Vivimos en un área creada por nosotros para nosotros, construida y constructora del mundo de la cultura. (La Experiencia Cultural y el Vivir en Winnicott. Lic. Prof. Alicia E. Pelorosso).
Indudablemente para nosotros lo importante es rescatar el contenido de la experiencia cultural referida por Winnicott. Es en ella donde lo crucial para una comprensión de la creación artística en su génesis aparece en el concepto de “jugar” (juego), diferenciado de “los juegos”. “espíritu el primero de la experiencia cultural primaria del sujeto, institucionalización y apresamiento de la misma en formas reguladas por la sociedad, el segundo. El primero vincula al sujeto niño con el espacio de juego, como pura actividad lúdica, conexión orgánica con el aquí-ahora, con el estar en el mundo, subjetivación del mundo, “experiencia omnipotente”, recreación y reinvención del mismo. El segundo puede ajustarse solo a una actividad formal, de la que se participa muchas veces con distintos grados de “ajenidad”.
El “jugar” tiene su origen en la experiencia infantil fundante del “espacio potencial” que media entre el individuo y su ambiente (“espacio transicional”, “zona de ilusión”, “zona intermedia”). Todo se inicia en la madre produciendo para el bebé la ilusión de corresponder a su necesidad de crear (creación del pecho cuando lo necesita), “ilusión de que existe una realidad exterior que corresponde a su propia capacidad de crear”, ya que “al ser humano le preocupa desde su nacimiento el problema de la relación entre lo que se percibe en forma objetiva y lo que se concibe de modo subjetivo, y en solución de este problema no hay salud para el ser humano que no fue iniciado lo bastante bien por la madre”(1). Viene luego la des-ilusión, gradual, retiro de la madre, frustración, sentimiento de pérdida, vacío inicial, pero también oportunidad de crecimiento, de “salir al mundo”, y la primera experiencia que pone en tensión al ser humano con la necesidad de “vincular la realidad interna con la exterior, y que el alivio lo proporciona una zona intermedia de experiencia (Cf. Riviere, 1.936)”(2).
En ese proceso se constituyen los “objetos y fenómenos transicionales”. “Los objetos y fenómenos transicionales pertenecen al reino de la ilusión que constituye la base de iniciación de la experiencia……(y observables en proceso en)…”los fenómenos autoeróticos y la succión del puño y del pulgar, y más adelante con el primer animal o muñeca blandos y con los juguetes duros”(3).
Winnicott refiere que el objeto transicional es el que permite al niño comenzar a separase de la madre y diferenciar el yo del no-yo.. Ante la ausencia de ésta, el niño recurre a este objeto, para calmarse y tranquilizarse en momentos de angustia. Un buen uso del objeto transicional posibilitará al niño lograr la separación de la madre para avanzar a la siguiente etapa de su desarrollo. Una vez que el niño logra percibir a la madre como una persona independiente de él y es capaz de verse a sí mismo como una persona completa e integrada, el objeto transicional pierde importancia y significado, y será abandonado por el infante.
“La zona intermedia de experiencia, no discutida respecto de su pertenencia a una realidad interna o exterior (compartida), constituye la mayor parte de la experiencia del bebé, y se conserva a lo largo de la vida en las intensas experiencias que corresponden a las artes y la religión, a la vida imaginativa y a la labor científica creadora”(4).
Zona intermedia de creación, zona del “ir y venir”, zona del “entre”, donde el sujeto a la vez produce y descubre, zona de autenticidad, de configuración del “sí mismo”, diálogo permanente entre “lo otro” y “lo propio”, posibilidad de un vivir creador, búsqueda incesante, que no cierra, que nos atrapa cuando nos cansamos de buscarla. Y otra vez la tensión, la paradoja del vivir. Dice el maestro: “La búsqueda solo puede nacer de un funcionamiento informe e inconexo, o quizás de un juego rudimentario, como en una zona neutral. Únicamente ahí, en ese estado no integrado de la personalidad, puede aparecer lo que describimos como creativo”….”el juego creador se vincula con el soñar y el vivir, pero en esencia no pertenece al fantaseo”….ya que éste…”obstaculiza la acción y la vida en el mundo real o exterior, pero mucho más obstaculiza el soñar y la realidad psíquica personal, o interna, el núcleo viviente de la personalidad individual” (5).
Y este maestro nos acerca también a la importancia de no cerrar el vínculo con la creación en el artista…”el impulso creador es algo que se puede entender como una cosa en sí misma, que, por supuesto, es necesaria si el artista quiere producir una obra de arte, pero también como lo que se encuentra presente cuando cualquiera- bebé, niño, adolescente, anciano o mujer- contempla algo en forma saludable o hace una cosa de manera deliberada…”(6)…ya que “la creatividad” refiere en su obra a la necesidad de “que la palabra no se pierda en la creación exitosa o aclamada, sino que la mantenga unida al significado correspondiente a una coloración de toda la actitud hacia la realidad exterior”…en definitiva…..”lo que hace que el individuo sienta que la vida vale la pena vivirse..”(7).
(1), (2) y (3) (4) (5) (6) (7): D. W. Winnicott “Realidad y Juego”.
Un lugar en el mundo, en el “entre” que alivia la tensión y nos comunica más profundamente, con nos-otros, con los otros.
“Un Lugar donde vivir.
Si el objeto es inicialmente creado cuando se encuentra, esta modalidad es la forma posterior de existencia tanto del sujeto como de los resultados de su accionar o pensar cotidiano. La acción inicial de la creatividad primaria deriva en la construcción objetal y del mismo mundo en que vivir.
Resulta comprensible dentro de esta forma de percibir la constitución de la subjetividad y esto incluye al Self (si mismo), que el espacio es potencial tanto para el bebe, como para toda zona de interacción humana, como lo es el juego y la sociedad. El juego, mas claramente el acto de jugar, con el tiempo derivara en el área de la cultura, si no hay situaciones de quiebras profundas que interrumpan la experiencia de continuidad en la vida”(8)….y entonces….” la creación es parte de lo cotidiano y toda construcción es creación. La salud es desde este punto de vista nada menos que la capacidad de sentirnos reales. Vivimos en forma creadora, pero esto solo es posible si tenemos la capacidad de crear como acto cotidiano. En ultima instancia la capacidad para aceptar la ausencia y encontrar creativamente un producto de la acción humana que nos consuele, nos alegre y nos divierta”(9). No obstante no debe quedar lo expuesto cerrado a al visión de un mero recorrido individual, sino como lo expone en su libro “Hogar, nuestro punto de partida”, la salud tiene que ver tanto con la interacción de una integración, comunicación interna en concordancia con una mejor vinculación con la sociedad. “La salud para Winnicott abarca tanto a la salud del individuo, como a la salud de la sociedad, la madurez completa del individuo no es posible en un escenario social enfermo”(10).
Solo se trata de vivir.

(8), (9) y (10): La Experiencia Cultural y el Vivir en Winnicott. Lic. Prof. Alicia E. Pelorosso. Psicoanalista, UBA.
Algunas reflexiones
La anterior lectura nos interroga respecto a la importancia de romper con la reducción y la fragmentación del hacer teatral. La enseñanza es una posibilidad, una posibilidad que debe mantener todo el rigor posible.
Este rigor implica:

Recuperar la potencialidad del jugar. El teatro abreva en la necesidad de jugar del ser humano y por lo tanto en su vivencia espontánea de sentirse parte del devenir. Para llegar a ese jugar hay que lograr que caigan máscaras que la civilización nos ha impuesto. Esto no es fácil e implica procesos. Sumar juegos no facilita de por si el acercamiento al jugar. Muchas veces alejan de esta vivencia.

Sostener la especificidad de lo teatral. El valor de la enseñanza de teatro esta dado en su capacidad como creador de conocimiento, y en la riqueza de su especificidad (el encuentro franco de los cuerpos, la vivencia profunda de construcción de lo otro, el acontecimiento único de lo poético, el acto transformador del hacer, la creación del lugar del espectador). Esta riqueza se ve empobrecida muchas veces por un uso meramente del tetro como entretenimiento y distracción, de asistencialismo, de compensador de encierros y “malas conductas”.

Saber defender la libertad del teatro en la escuela. La escuela muchas veces fagocita al teatro en su valor como acto de libertad, burocratizando sus posibilidades. Esto se da en parte por la dificultad de los ámbitos escolares de admitir las diferencias así como en la pretensión de control y ordenamiento de todo lo que pisa su territorio. Abrirse camino y empoderar el lugar del teatro implica negociaciones, alianzas, límites, en definitiva relación con el conflicto y lucha. El saber teatral es una valiosa fuente para comprender las pasiones humanas, las instituciones, los encuentros y los desencuentros. ¿No son éstos ámbitos, aún en su dinámica permanente, estructuras dramáticas?

Promover la calidad en la enseñanza teatral. No permitir que seamos nosotros mismos los que empobrecemos la enseñanza teatral. A veces escuchamos que es menos lo que puede brindarse en espacios de mayor vulnerabilidad y conflictividad. Es allí, no obstante el mayor esfuerzo que requieren, donde mayor calidad se debe ofrecer, teniendo en cuenta que se puede enriquecer el capital simbólico, esto es la posibilidad de vivir mejor y más profundamente y de tener herramientas para luchar por ello.

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