DOLOR Y RABIA PAÍS, la deuda eterna de ser libres / por Marcelo Mainini

A 204 años de la declaración de independencia de nuestro país

En nuestro país, la mitad de los niños son pobres. O tal vez más, vivimos en un país que sigue con dibujos de sus realidades, sumado a que es difícil ver. Si nos acercamos a estas verdades, entonces ¿qué libertad supimos conseguir?

Y no es uno u otro gobierno, salvo muy pocos momentos, todos fueron relegando al olvido a tantos argentinos. Y duele, con ese índice de «Dolor País» que ya contraponía Silvia Bleichmar al de «riesgo país», en su grandioso testamento de su pequeño gran libro homónimo …

“Si la sensación térmica es una ecuación entre temperatura, vientos, humedad y presión
atmosférica, ¿por qué no emplear combinadamente las nuevas estadísticas de suicidio, accidente, infarto, muerte súbita, formas de violencia desgarrantes y desgarradas, venta de antidepresivos, incremento del alcoholismo, abandono de niños recién nacidos, deserción escolar, éxodo hacia lugares insospechados… para medir el sufrimiento a que somos condenados cotidianamente por la insolvencia no ya económica del país sino moral de sus clases dirigentes? (…) El “dolor país” se mide también por una ecuación: la relación entre la cuota diaria de sufrimiento que se le demanda a sus habitantes y la insensibilidad profunda de quienes son responsables de buscar una salida menos cruenta.”(pp. 27 y 29)

Y aún no estaba la Pandemia…solo transcurría el 2001…

Hoy, se suma con gran dimensión otro índice «Rabia País». Rabia ante los discursos que refuerzan mentiras, rabia a un país sin Justicia, rabia ante los esclavos del poder de turno, rabia ante el uso político de la bendita grieta, rabia furiosa ante tantos políticos, sindicalistas y empresarios multimillonarios, tanta plata que va y viene por el país y sin embargo la pobreza creciente, rabia ante los que se llenan la boca hablando de los pobres y los viven manipulando con dádivas condenándolos al no trabajo, rabia ante tanta rabia acumulada que no puede crear otra cosa que más de lo mismo. Rabia ante un país de la diversidad donde nuestras instituciones nunca dialogaron con ella y solo buscaron doblegarla según el bando ganador. Rabia ante quienes predican una cosa y cuando llegan a tener «la manija» hacen otra. Rabia porque nos decimos solidarios, pero siempre volvemos a querer salvarnos solos. Rabia porque negamos tanto dolor de nuestra historia, el de los verdaderos originarios devastados por la codicia, el de los inmigrantes desterrados, habitantes de tantos conventillos, el de los invitados de piedra ante las pretensiones de tantos señores feudales de nuestra tierra.

Tal vez la rabia no sea otra cosa que un dolor acumulado y negado. Tal vez sea necesario encontrarnos con ese dolor país. Ser conscientes, esa poquita gran cosa. Y preguntarnos por esas viejas palabras gastadas que se necesitan y no deben excluirse…Libertad, Igualdad y Fraternidad!

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